abril 29, 2012

"That’s how I love you baby.
Cuz you're the one for me and I’m the one for you.
Cuz baby you’re the one.
You’re my fantasy, my bloody candy bar.
Cuz baby you're the one."
 The one/Esteman

THE ONE

Con la poca importancia que le damos al mundo me pregunto tantas cosas. Lo que decimos, por dónde caminamos, las miradas que compartimos. Algo en este ritual diario me termina cansando. Por aquí voy, seguro de lo que transporta mi cuerpo, de lo que recitan mis labios. Una canción, un lugar para ocultar los pensamientos. Respiros que no se borran con el tiempo. Los buenos momentos que no se detendrán. Las promesas en las que creo. Aquí estoy sin dudar tanto de lo que viene. De lo que me hace sentir bien.

¿Vivimos enamorados? ¿en qué se convierten las conquistas diarias? ¿Qué es mío? ¿Quién más está?

Un día observaba el pueblo desde la altura, desde el cerro. Veía en él lo inútil del andar sin sentido, lo que pasaba debajo de los techos de plástico. Hormigas que fumigadas no entendían hacia dónde iban.

Quiero saber si hace tanto bien respirar el aire limpio o simplemente se droga el cerebro con la pureza de los árboles. Me marcho buscando un nuevo terreno dónde sembrar. Me marcho seguro de que allá algunas cosas que hoy no tengo esperan para ser tomadas por mis manos. El tiempo nos hace ver lo que somos, lo que decimos que no, lo que pasa y yo me alejo buscando una casa nueva, un viaje a otro lugar.  ¿Quién elige el rumbo? Parará.

Lo que causó la imposible dispersión. Que crezcan sobre mis brazos placas de metal. La razón es clara. Veo una máquina que domina. Una ciudad que desconozco. Una ficha más que jugará sobre la mesa sin compañía. El control se pierde al decir que no. Una herida en un dedo de mi pie izquierdo. Una herida que no conozco y a la que le atribuyo un juego de masticados trozos de papel. Te seguirán. Te mirarán. Te escucharán.

Rítmico y fugaz. Cabrón. Quiero que me hagas reír. Que me tomes una foto y cuando estemos lejos, me la mandes por correo, con una nota detrás. Palabras sin más. Salir a caminar y pintar la pregunta frente a tu ventana. ¿Qué pasó? No lo sé. Complejo. Cosas mejores en las qué pensar.

Cambia el fondo y tu sonrisa no varía. Travesía en la que te llevaré conmigo. Busca mi corazón una casa, una rumbo, un bastón y tus ojos. Si a ti te gusta ahí vamos. Pinta alrededor de mi ombligo el mapa de las cosas que quieres que hagamos juntos. Que lo vea claro frente al espejo, que no exista pose para entenderlo. ¿Qué soy? ¿de qué manera? Tradición. Salvaje. Planeta. Quizás. En el momento. Discusión. Juego.





febrero 19, 2012

En tus ratos de ocio

De vez en cuándo quiero aparecer en la barra de tu buscador. Que escribas mi nombre en él y entres a la primera página que llame tu atención. Sólo de vez en cuándo, en los momentos en los que tengas un rato libre y el ocio no dé para más.

Quiero que busques los textos que suelo escribirte y pienses en lo que significan cuando los leas. La primera vez que lo hagas piensa que puede parecer aburrido, la primera vez que lo hagas, también, piensa en la lentitud en la que vivo y en la velocidad con la que sabes que los puedo llegar a escribir.

Cuando alguno te recuerde algo, medítalo, piénsalo hasta que te duelan las imágenes que pasen por tu mente. Piensa en las ramas verdes y las capturas visuales. Piensa en las montañas y en las noches. Imagina lo que ha pasado como si se repitiera, como si no hubiese terminado nunca el momento y siguiéramos ahí. Deja partir el globo de la locura y pide el deseo que se te antoje.

Si suena cursi lo que lees, no te brinques las líneas, que es ahí donde están retratadas las miradas. Es ahí donde se encuentran las promesas. Donde se comenzaron a escribir los años y suscitaron las primeras emociones. Donde estarán guardados para siempre los labios que parecían imprudentes.

Cuando te aburras cierra la página y olvida lo que llegó a tu mente. Hazlo sólo cuando lo necesites. Búscame y encuentra lo que sabes.

enero 08, 2012

Práctica de vuelo

Darle la vuelta al mundo. Darle la vuelta al país. Darle la vuelta a la ciudad, a la avenida, a la cuadra. Subirse al primer camión que pase y llegar al final de la ruta. Darle la vuelta al amanecer, a la luna, darle la vuelta al cuarto en avión.

Fuga.

Huída.

Salida.

Encomendar la luz que te despierta a la primer persona que veas. Regalarle las sábanas a quien despierta a tu lado. Dormir como nunca. Dormir para siempre.

Pacto.

Demonio.

Ángel.

Partir recargando el peso en el dedo gordo del pie derecho. Beber un litro de leche. Una copa de vino. Tomarte la última gota de agua.

Subir.

Volar.

Enloquecer.

Dejar caer una piedra desde lo alto de un edificio. Marchitar una flor a través de los meses. Mirar una fotografía hasta que desaparezca. Musitar el poema más cursi. Escribir la última entrega sexual y publicarla en un libro.

Nombrar.

Observar.

Morir.

Tenerle miedo al sol. Enmudecer platicando con una roca. Comerte un dulce. Desempacar la maleta olvidada. Empacar las cartas y los recuerdos. Escuchar una canción indiferente. Morder un labio. Oler el cuello. Tocar la espalda.

Lastimar.

Sanar.

Cerrar los ojos.

octubre 29, 2011

Muertito/Muerto


Muertito
Hacíamos un arco con flores de cempazúchitl, lo colocábamos cerca de la puerta llenándolo de comida,  tamales, zacahuil, mole. Un banquete por aquellos que regresaban. Encendíamos las veladoras.
Cerca del altar se colocaban el pan y las frutas, el agua para recibirlos. Cerca del pan y las frutas un plato con sal y cerca de la sal comenzaba el camino de pétalos hacia la puerta de la casa y de ahí hacia la calle empedrada. Con gusto observábamos cientos de caminos iguales saliendo de todos los hogares del pueblo.  Sonaba a la distancia la música alegre de la gente que pasaba todo el año esperando el ritual donde se adelgaza el hilo de la vida y la muerte. Familias enteras esperando. Familias enteras añorando a los que se fueron.  

Muerto
Que se quemen tus pupilas con el resplandor de este mar blanco que tienes frente a ti. Que se quemen y que diluyan en tu cerebro la última imagen que ves. Tan asombrosa como la piel erizada en el momento del sexo. Del placer.
Que atribuyan a mi persona la lucidez de esta relación alocada. Que me culpen, que me juzguen por sentir hacia ti el delirante complejo de necesidad. Que me sentencien a muerte si es necesario, que me manden a la hoguera como bruja peligrosa, que me encierren en una bodega sin techo esperando al sol como vampiro seductor, como monstruo despierto y alerta.  Que huyan todos al verme, porque de mi saldrá el humo denso y profundo de lo incandescente.
Que se coman las larvas la piel que me cubre, que la devoren sin prisa, sin refugio alguno, sin pena, sin cohibición. Que copulen en mi tumba para que se reproduzcan como fruto de la muerte. Porque es de esta carne de la que emana la pasión. Porque es de estos huesos de donde sale la locura. Que no sobrevivan ni mis cabellos, que no sobrevivan ni mis uñas. Que se maten a golpes las palabras que jamás se han dicho, en ninguna lengua, en ningún idioma.
En el eterno descanso que crezcan de mis entrañas hierbas y plantas silvestres, que broten de la tierra y respiren cuando yo no lo haga, que sus raíces chupen la última gota de sangre que me quede, que la succionen. Que la laman con sus lenguas llenas de tierra y podredumbre. Que dejen mi cuerpo hecho nada, ni siquiera polvo. Que sea tal su hambre y salvajismo que aun en la tumba me carcoman. Que espere sin opción el momento del regreso, no de la resurrección, sino del llamado de las venas, el llamado a casa. Mientras tanto que florezcan en rosa y amarillo, en pétalos de lumbre y suelo como fogón que las calienta.



septiembre 27, 2011

Trident Xtra Care del 27 de septiembre.


Quiero tenerte entre las manos, para poder masticarte como chicle de menta. Para poder diluirme entre el sorbitol de tus pensamientos, maltitol de locura y humectante (glicerina) de tus labios.  Eres como los saborizantes naturales y artificiales, (menta) del recuerdo. Me detengo entre tu pelo como goma arábiga, en medio del esterato de sodio de tus dientes, aspartame de la duda nocturna y llena mi cama con el fosfato de calcio que emana de tu piel, proteína de leche, colorante inorgánico. Asesúlfame, te lo pido entre besos y abrazos. 
Son estos días los que me hacen querer vivir hasta el infinito.

agosto 07, 2011

Hormigas

Van caminando por el filo de tu silueta las hormigas, cuidadosas de cosquillear sobre tu cuerpo con sus patas juguetonas. Caminan por el filo de tu nariz, cargan una hoja gigante, avanzan sin la más mínima prisa. Caminan sobre tu pecho, entre tu cuello, en medio de tus axilas, recorren tus largos brazos, se detienen en la parte interna de tus muñecas y hacen círculos entre todas, para que te excites y para que las notes.
Van caminando las hormigas y sus antenas detectan las pequeñas gotas de sudor que resbalan por tu espalda, pequeñas y morenas, suaves y definidas, iluminadas por el sol de la tarde. Caminan las hormigas bajo el soleado tedio de la semana, caminan bajo el aparente hastío de la vida, no lo notan, deslizan su cuerpo frágil por tu abdomen y se detienen un momento para oler las motas de luz y sombra que producen las hojas de los árboles sobre tu cuerpo desnudo, tirado sobre la hierba, sobre los trozos de madera caídos de los troncos, sobre las hojas secas colocadas como tapete debajo de ti.
Van caminando las hormigas olvidándose de que anochece, embriagadas, alucinadas, sin la más mínima orientación natural, sumergidas en el vaho que emana de ti, extasiadas por el sabor que provoca tu entrepierna, rozan el espacio milimétrico en el que se encuentran y pequeñas descargas eléctricas doblan ligeramente tu columna, las hormigas se mueven a destiempo para desnudar tu placer, para evidenciarlo, para sentirte en medio de la desesperación. Son inteligentes y te muerden, te recorren, te dibujan sobre la piel el incontenible precio de la noche, de los árboles que te cobijan, del suelo debajo de ti, de mis ojos que te observan, de tu sexo que me llama.
Van caminando las hormigas y la noche se antoja iluminada.



mayo 26, 2011

Serie de sueños esperanzados.

Sueño primero: Que toques en la entrada para que te escuche, que golpees la puerta con el filo de tus labios, que asumas la vacuidad de la mañana despoblada mi cama de ti. Que revuelques tus pasiones y tu vello púbico contra mis manos, mi cara y tu delirio.  Que anotes el número de las placas de los que nos apuntan con su luz sobre las pupilas. Que nos dejemos desfallecer antes del final de la vida, para compartirlo todo. 

Sueño segundo: Introduzco mis manos con los dedos separados entre el saco de semillas de frijol, el placer adormece, cosquillea en la palma y recorre los nudillos. Meto con cuidado el principio de mi dedo índice en el centro de una gelatina de limón, la sensación es para derretirse.  Toco con la punta de mi lengua un poco de sal esparcida sobre la mesa, el roce mini rocoso es complaciente. Recorro con la nariz los dobleces, extremidades, curvas, poros, vellos, escondites, hendiduras, renglones del mundo, la locura es imparable. Me robo una sandía, me persiguen los payasos.

Sueño tercero: Dejo que a mi cuerpo le caiga un chorro de agua fría, que empiece en la cabeza, que luego se deje ir por la espalda y que atrevidamente me moje el trasero. Dejo que a mi cuerpo lo cobije un manto de vapor, que le envuelva con calor los pies, suba por las piernas desnudas, atraviese el sexo, el abdomen, el pecho y la cara. Le doy permiso al frío azulejo de que se cargue mi espalda, que se agarre de las plantas de mis pies.  Toalla, jabón, papas fritas y sprite de litro para compartir.

Sueño cuarto: Que asumas el simple enojo del atardecer, que asumas el mayor enojo de la noche, que no te pierdas en distracciones del ir y venir, que como un libro estúpido de superación personal trate de venderme frente a la acera de mi casa, que jamás descubramos la nube de plata que te vio descender del infierno, que seamos dioses desabridos por falta de crema de cacao. 

Sueño quinto: Dejo que mi cuerpo te penetre, me penetre la almohada. Te penetre la cascada de sensaciones, me penetre el aceite de nube. Dejo que anochezca en esta serie de sueños de celos. 

Sueño sexto: Delirio. Negros muy negros, luces muy ausentes.